domingo, enero 08, 2006

¡Dormir...!

-¿Qué pasa?


Las estrellas distraen al viajero con su belleza imposible, una suave briza sopla con dulzura arrastrando consigo el olor de los eucaliptos. Fresca y apacible la noche ha decidido enzarsarse en el corazón del cuidador del faro.
-¿Qué pasa?- repitió, no entiendiendo bien.
-¿Por qué la has apagado?

El cuidador se rasca la cabeza sin entender, o más bien, sin querer entender; sabe bien a qué se refiere.
-Estoy cansado- responde -¿Me dejarás descansar?
-No soy yo el que te mantiene despierto, ve a dormir.

El olor de la madera innunda su cabaña. Una cama destendida, una mesa con un plato sucio, un vaso vacío y una chimenea largamente inactiva son los únicos habitantes (aparte del propio cuidador) de la casa. Todo, junto con el dueño, está descuidado y envejecido.

-¿Hasta cuándo descansarás?
-Hasta que el cuerpo me lo pida.
-¿Cuánto será eso?



Con extremo cuidado, como si temira romper algo, el cuidador acomoda los trastes que descansan en la cima de su faro. Una docena de libros a medio leer, una pluma y un montón de papeles. Hay también un reloj de bolsillo bellamente decorado, tal vez mañana lo repare, se dice a sí mismo. Lleva años sin funcionar. Finalmente se decide y apaga la luz.
-¿Qué pasa?

viernes, enero 06, 2006

Perdidos (título genérico No. 32)

Este cuento nació por nacer, sin embargo lo leo y le encuentro sentido... Espero que ustedes también =P.
Igual, tengo cierto... no sé. Lo pongo acá porque me dijeron que lo ponga nomás xD. La verdad que ... Bueno, a ver qué les parece...

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La primera vez que te vi no parecías vos misma. Estabas vestida espléndidamente y tomabas te junto a dos gordos aristócratas que no hubiesen distinguido la harina endulzada de un pastelito suizo. Vos te reías aburridísima de sus chistes mal contados y yo te miraba sin saber bien qué hacías en ese cuadro. Es que dentro de toda esa pelotudés bizarra, vos estabas preciosa. En eso creo que me notaste vos también a mí. Me miraste de prepo y reíste por lo bajo, porque sabías que yo tampoco tenía que estar ahí. No hizo falta nada más, ya estábamos charlando, no sé de qué porque la verdad que estabas con tus ojos que brillaban como diamantes y ese vestido que más parecía un arbolito de navidad…

Entonces yo no sabía nada de vos, todavía no estaba al tanto de lo que se me venía encima. No sabía de las puertas que el cerrajero a veces se olvidaba sin llave, no sabía tampoco de la forma en que podía buscarte para verte de nuevo. Cuando abrí los ojos, aquella vez, me acuerdo que entraba el sol por la ventana y yo confundí los huequitos de las persianas con tus ojos. Pero cuando aclaré la vista entendí que no, entendí que me dolía todo el cuerpo y que había estado durmiendo, soñando.

Cuando te encontré la segunda vez fue bastante bochornoso, porque yo estaba con Claudia o Julia pasándola bomba y ahí apareciste. Parecías indiferente, bastante confundida, aunque poco a poco una cosa como de familiaridad se fue apoderando de tu mirada y después ese mismo aburrimiento de siempre. No pasó mucho antes de que yo me olvidara de la piba genérica de fantasía para atenderte a vos. De nuevo nos encontramos hablamos de cosas, pero como siempre, las palabras eran sonidos lejanos, murmullos, suspiros, de todo menos palabras. Pero nos comunicábamos, de alguna forma lo lográbamos. Me empezaste a contar cosas, primero cosas que no parecían interesarte, cosas que eran de alguien más o que tal vez ya habías contado tantas veces que te daba igual. Y esa era la sensación: Lo hacías como si ya lo hubieses hecho mil veces, o más.

Así nos vimos montones de veces; en sueños propios, en sueños ajenos. Me fui enamorando de todo lo que vos eras, aunque no eras nada en realidad, aunque eras pura ilusión y engaño. Pero diferente a la vez, porque yo no te soñaba jamás. Vos estabas en mis sueños, pero yo no te soñaba. Eras independiente a mis fantasías y eso fue lo que más me turbó al principio. Porque era obvio que si te encontraba en mi cabeza, tenías que ser parte de mí… Bueno, así pensaba yo, hasta que te encontré con él. Todo a su alrededor parecía temblar, pasar de lo real a lo irreal en un instante, crearse y destruirse a cada momento, ser y no ser, constantemente. Todo salvo vos que te mantenías tan indiferente como siempre.

Él tardó un poco en notarme, pero yo no podía dejar de mirarlo, porque de alguna forma sabía que aun cuando vos no pertenecías a ese lugar y yo tampoco, él…a él la palabra pertenecer no le afectaba: Él era ese lugar. Él era los sueños, él era todo lo que los sueños son. Lo supe al instante y ya quedé hechizado. Desde ese momento y para siempre no pude desear ni hacer nada en su presencia, salvo contemplarlo.
-Soy a quien jamás debiste encontrar, mortal- dijo él, y sus palabras fueron palabras. –Porque estoy mucho más allá de tu percepción, de tus sentidos. Si hoy puedes verme es sólo porque su voluntad te lo permite. Tal es su grandeza.

… En su voz no había enojo o emoción alguna, estaba teñida de siglos y eras. Escucharlo era como observar las estrellas…


La encontré mientras tejía un sueño que no era para ella, curioseaba donde no debía, caminando los caminos que sólo yo he de recorrer. Esto, aunque extraño, estuvo lejos de sorprenderme, pues no era la primera vez que un alma descarriada terminaba perdida y desconsolada… Lo que sí me impactó fue descubrir que no sólo yo podía verla. Sus ojos, clavados en los míos, parecían reconocer quien y qué era yo. Entenderás, mortal, que esto no ha de ser así, que no es prudente que el ojo humano pueda ver al viento que mueve las nubes o los hilos que del tiempo tiran. Así soy yo, una fuerza que está más allá de vuestra comprensión, más allá de cualquiera de vuestros sentidos.

Y sin embargo el velo había caído ante ella. Entonces me interesé, encontré algo diferente en la vastedad de lo eterno. Una criatura capaz de ir más allá… Comprendí entonces que había malinterpretado: Ella no estaba perdida y desconsolada, sino que había descubierto una manera de pasear, de internarse en la red de sueños que yo cuido y controlo. Recordé entonces que hacía siglos que no limpiaba la memoria del cerrajero, cuya tarea es la de poner llave a las puertas luego de que yo las utilizo. Y sin embargo, a pesar de éste, mi desliz, no fue otra la razón de que ella estuviera donde no debía más que su propia voluntad.

Entonces quise ponerla a prueba. Decidí jugar… y jugué. Si ella había tenido la capacidad de cruzar la barda, ¿Tendría la voluntad para regresar? Tomé los caminos y los mezclé, cambié las señales, me llevé las puertas y dejé ventanas, pinté lo que antes era vacío y vacié lo que antes era imagen, hasta que finalmente mi mundo dejó de ser el que era. Uno distinto, uno que vivía y se moldeaba cada vez a sí mismo. Ese fue el resultado.

Hace siglos que su cuerpo ya no es. Porque vosotros, los mortales, sois tanto cuerpo como voluntad. Ella quedó atrapada, pues demoró tanto en regresar que su cuerpo la olvidó y pereció lejos de su dueña. Ahora su voluntad vaga buscando la perdición final, buscando el destino para el cual fue creada en un principio: El cesar.

Tal vez yo no sólo haya querido jugar. Tal vez sea cierto que hasta quien hace el sueño sueña a veces con algunas cosas. Es cierto, que existe la posibilidad de que yo amara a quien pudo cruzar las barreras… Pero ese alguien ya no existe. Supongo que jugar siempre tiene un precio, siempre que se apuesta se pierde algo. Y yo perdí, y ella perdió. Y tú, mortal ¿Jugarás?






Cuando terminó de hablar yo ya estaba despierto, mirando las persianas de mi ventana, entrecerrando apenas los ojos para contrarrestar lo fuerte de la luz del sol, sintiendo el dolor del cuerpo, el calor del medio día.

Ese fue el día que me di cuenta de todo. Me di cuenta de que no importaba cuánto tiempo pasara con vos, cuánto buscara la forma, vos siempre ibas a estar allá: en mis sueños. Lejos de mí y de vos a la vez. Lejos de todos. Y es irónico, porque soñé muchas veces que te liberaba, pero ese sueño era una pintura más de él, otro intento por liberarte. Y yo me doy cuenta siempre, me doy cuenta aun mientras lo estoy soñando, porque mientras corro tomándote de la mano a través de ese pasillo infinito que separa lo onírico de lo real, vos estás a lo lejos, mirándome aburrida, distraída.

… Y así cruzo siempre la frontera: Solo, arrastrándome hacia las horas de cordura que me dicen que estoy loco y que todo eso, que vos, toda vos, no sos más que un sueño, una fantasía…

lunes, enero 02, 2006

El vendedor: 1er entrada

Este es un personaje que conocí una vez mientras espiaba en un sueño que soñé, pero no era para mí. Me descubrieron a la mitad de la función y me echaron a patadas. Pero no importa, capté lo importante.

El vendedor es un sujeto peculiar, al cual no voy a describir, mejor que se describa él solo.
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-Buenos días, mi buen...- dijo la señorita -Necesitaría una poca de esperanza y docientos gramos
de alegría
-No, lo siento- respondió parco el vendedor-, acá no se venden cosas inútiles.
-Pero si no venden cosas inútiles- comentó ella, meditabunda -¿Para qué venden cosas? Usted debe saber que lo realmente importante no se consigue con dinero.
-Sí- respondió llanamente.
-¿Entonces?-
-Sí, yo sé eso, pero tengo esperanza de que los compradores no.
-¡Ahá!- exclamó la señorita -Entonces sí tiene esperanza.
-Pero no la vendo- dijo -¿No vio el cartel?
-¿Qué cartel?-
-Ah, lo vendí, me alegro...-
-Bueno, usted está muy loco, yo me voy-
-No lo diga por allí, buenas tardes-

jueves, diciembre 29, 2005

Uno mismo

Bueno, hoy toca cuento. Sé que no es el objetivo del Blog, ¡Pero ustedes no saben nada! Ni de objetivos ni de blogs =D. Así que a comerla, y a leer mi cuento. O a no leer, y postear "qué mala leche che".
Hmm... Igual, le puse un poquito de esmero al cuento ^^.
Uno mismo

Es una sensación diferente la que se tiene cuando se cree ser alguien más, que no se uno mismo. Es una sensación medio como única, algo diferente pero tan parecido a eso que sentimos al despertarnos de repente, olvidando (o quizá queriendo olvidar) dónde estábamos durmiendo la noche anterior. Es como si al dormir, alguien nos hubiese quitado nuestra esencia, intercambiándola por otra distinta… que sin embargo no es ni más ni menos que la propia, sólo que algunos años atrás.
Es así como sucede cuando no somos nosotros mismos. Abrimos los ojos sintiendo que no hemos vivido nada de eso que recordamos. Recordamos, sí, pero como se recuerdan las películas del cine, alejado, indistinto, inocuo: Aburrido. Falto de moraleja.

La mirada penetrante del guardia escudriñaba en mi jaula. A veces sonreía, pero no hoy. Hoy no había venido a hostigarme por propia voluntad, sino bajo comando de un superior, tal vez inclusive del Alcaide mismo.
-Infeliz- espetó, aunque no me afectó en lo más mínimo –¿Dónde están las revistas que te trajeron el otro día?
-Bajo la cama- respondí, aunque hubiese preferido tener más coraje, y quedarme callado.
-Te estoy hablando, infeliz, te pregunté dónde están las revistas…
-Bajo la cama- volví a repetir, sumiso, pero hubiese preferido gritarle que era un imbécil degenerado y que valía tanto vivo como muerto.
-Ah…- levantó una ceja, y sonrió para un lado, casi parecía dolerle –¿Me insultás y me amenazás?
Entonces quise pensar que tal vez las cosas estaban siendo extrañas, pero luego de cuatro años encerrado ahí por haber dicho lo que creía cuando no debía, nada me resultaba extraño. Además, el porrazo en las costillas, en el omóplato, luego en el antebrazo (que creo que lo fisuró, o eso me pareció escuchar), y por último en las piernas, la derecha y después la izquierda, todo eso hace que uno no piense mucho, que simplemente se resigne a que la corriente del río lo arrastre. Siempre hay rápidos, y en los rápidos siempre hay piedras.

Es así, despertar ahí, donde uno no quiere despertar, donde uno siente un vacío profundo, un vacío a causa del frío en los brazos y las piernas, un frío que uno sabe es signo de que no va a poder mover los dedos, por más que intente, porque hace rato que están entumecidos, y tan, tan fríos, que ya ni siquiera hay sensación. Despertar y querer con cada parte del cuerpo tener esa sensación extraña de que uno no es uno mismo, de que en realidad uno mismo se murió hace cuatro años (o más) y que todo esto le duele a otro. Pero no, porque en este momento es cuando se es realmente, con todo ese frío sólo se puede ser, y yo que soy un intelectual, vine al mundo para sufrir por tonterías, no por fisuras mal curadas, por moretones sobre moretones, yagas medio infectas, medio cicatrizadas.

El enfermero me mira con ojitos de yo no fui. Quiere hacerme sentir un alivio, me da un paracetamol (o eso espero) y después un par más. Creo que quiere que me los tome juntos, así todo se termina. Me lo advierte, pero más me está indicando.
-Seis de estos y no creo que puedas levantarte de nuevo, tené cuidado- se vuelve hasta el botiquín, saca más gasa porque tiene que cambiarme un par de vendajes -Sabés que esto te lo buscás vos solito ¿no? Si fueras menos pelotudo no te pasaría nada. Acordate de tomártelos después de ocho horas, antes no, porque vas a palmar, aguantate aunque duela.
En la celda de nuevo, el guardia está lejos. Un compañero se me para al lado, me mira con una sonrisa en los ojos, y una expresión de profundo enojo en la boca.
-Mirá cómo me froto los huevos mientras vos sufrís- me dice, mientras se frota la entre pierna con ambas manos, inclinándose ligeramente hacia atrás y doblando las rodillas. No sé qué quiere, pero me distrae de mis pensamientos, me dan ganas de decirle algo malo, algo tajante, astuto y amenazador. Pero no tengo el coraje. Él se detiene de repente, como sorprendido, como si hubiese escuchado mis pensamientos y se aleja balbuceando alguna excusa de bravucón ignorante.

Ser uno mismo. Ser uno mismo. Los pensamientos se agolpan junto al dolor de cabeza, y yo tengo los comprimidos en la mano, los aprieto con fuerza, porque sino los sostengo me voy, me voy a ir. Porque sé que en esa mano tengo más fuerza que en toda mi voluntad, mi voluntad que me fuerza a llevármelos a la boca, a olvidarme del asunto. Pero no tengo el valor, no… mi puño tiene más fuerza que toda mi voluntad, que el resto de mi cuerpo que me pide a gritos que yo tenga el valor… Pero no lo tengo.

No lo tuve, creo, y ya pasaron tres días, cuatro quizá.

Y todo es más oscuro. Más uno mismo, uno mismo que se aleja, y se pierde. Mirándome a mí mismo desde arriba, desde lejos. Como si ese que estuviese acostado allí no fuese yo. De hecho, como si fuese sólo un cuerpo sin nadie dentro. Sin nadie que le responda dónde están las revistas al guardia, al guardia que ahora de nuevo escudriña… Y pega un grito, un grito que hace venir a otros guardias corriendo, y abren la reja, aporrean al compañero de celda, patean al cuerpo. Pero todo eso ya no me importa a mí… Ahora a mí me preguntan qué hago ahí, y por qué deberían dejarme pasar. Las puertas son grandes, son agradables. Yo no sé qué responder…
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PD: una ligera aclaración para los que conozcan mejor sobre la sobredosis de paracetamol y demás... Ignoren lo poco explicado que está esa parte =D. jajaja.

lunes, diciembre 26, 2005

Para el Faro

Quizás el hecho de que yo encienda esta computadora y me encuentre con tu blog aún logueado sea algo predestinado, algo que nos une con la fuerza de mil cadenas de acero, algo parecido a la eternidad. O quizás no, quizás sea una mera sucesión de eventos provocados por diferentes factores, que unidos podríamos llegar a llamar "coincidencia". La cuestión es que yo no soy nadie como para oponerme a mandatos divinos o del destino, así que he decidido tomar riendas en el asunto y no desaprovechar tan especial ocación.
El faro; Un sujeto extraño en verdad. Con su fuerte y extravagante luz de dos mil voltios de la cual nada se escapa, claramente no es uno más del montón. Incluso podríamos llegar a decir que es un oasis entre tanta podredumbre!! Una guía para nuestras almas perdidas e impuras!! Pero no, puesto que él prefiere (a veces ) la modestia y ( en ocaciones ) la sinceridad humana. Apenas sí puedo nombrar las incontables veces que con sus palabras lo oí formular extraorindarias ideas!! potentes discursos!!! interesantísimos pensamientos!!! Con apenas un chistar, puede acallar multitudes y romper corazones. Y aún así, con toda esa grandeza borboteando en su interior, elige no utilizar sus capacidades, puesto que conoce mejor que nadie la peligrosidad y filo de su hablar y pensar. Le debo mil y dos cosas a este extraordinario sujeto de noble corazón, y nunca llegaré a pagarle todo lo que me ha dado sin pedir nada a cambio.
Pero qué sé yo, la re puta madre, soy un simple mortal con siquiera 17 años de edad sobre mis espaldas, qué mierda sé yo de este tipo, que además de engreído es un ególatra fanfarrón. Y la redundancia se la pueden pasar por ya saben donde. Me tiene los genitales llenos, saben? Y se puede meter todo el poder y la grandeza en dónde no le da el sol, hijos de re mil.



En serio, Faro, la verdad es que sos un groso, y me siento muy feliz de ser tu amigo, por muy marica que suene.
Un beso y una tocada de cola.
Con cariño, Dante.

sábado, diciembre 24, 2005

El pan dulce está al frente

¡nooo, no ese! Ese sigue estando por detrás; yo hablo del pan dulce que se hornea, el que se come y se disfruta en esta época del año ^^.

Mi historia es a la vez interesante y reveladora, y creo que he llegado a comprender todos los misterios de la vida (aunque considerando lo perenne de mi memoria, es probable que termine descomprendiéndolos).

Cerca de la medianoche, sentados en la casa de un amigo, decidimos que sería bueno hacer una bebida que yo no conocía (mi cultura alcóholica es nula), que incluía durazno, banana, manzana, vino y ron; pero nos faltaban un par de ingredientes así que decidimos buscarlos. Agradecimos al capitalismo por un Super 24hs que no queda a más de 2 cuadras de donde nos encontrábamos y emprendimos viaje.
Una vez allí, y con los productos en las manos, una pregunta asaltó mi mente: "¿Cómo es que este año, tan cerca de las fiestas (día 23 de Diciembre), no había comido aun pan dulce?" y decidí exteriorizarla, pero ligeramente cambiada: "¿Cómo es que no hay pan dulce?" dije en voz alta. Una mujer, a mis espaldas, me respondió.
-El pan dulce está al frente- era una de las encargadas del lugar, y yo me quedé boquiabierto, mientras la respuesta rebotaba en los rincones de mi comprensión. Con los ojos abiertos de par en par, el mundo entero se volvió una gran oscuridad, y yo sólo podía ver aquella figura, la de esa mujer... Me volví un instante, recobrando mis sentidos, para ver hacia "el frente", donde se suponía estaba el pan dulce...

Y lo comprendí: Si no había tenido pan dulce este año era simplemente porque no había hecho nada para tenerlo. Y así todas las preguntas de mi vida ¡Tenían ahora respuesta! ¿Por qué no tengo amor?¿Por qué no puedo estudiar ahora mismo?¿Por qué no soy feliz?... Y allí estaba la respuesta a todas esas cavilaciones: "El pan dulce está al frente". "Movete y buscalo". "El hombre es amo y señor de su vida, responsable de su felicidad y de su miseria".

Me volví para encarar a la mujer, quien yo ya había reconocido (era Dios), y ella, señalándome con su dedo índice, como diciéndome "aprendé, chancha, así son las cosas", se dio media vuelta y emprendió marcha hacia la góndola de los fiambres. Y como disolvíendose, se fundió con la mortadela, dejando detrás de sí una estela mística y sagrada...

Ahí mismo no atinaba yo a reaccionar. Mi espíritu me exigía que cayera de rodillas y alabara la magnificencia de lo sagrado en medio de lágrimas y regocijo, pero por otro lado... Por otro lado los chicos ya tenían las bananas y el vino... Así que con una suave palmada en el hombro de Ged, volví a mis cabales y continué mi vida.

En la calle los vientos advertian la proximidad de la lluvia, las estrellas veladas por las nubes se encontraba de ánimo tímido, y en la plaza central la municipalidad había decidido deleitarnos con una tanda de fuegos artificiales anticipados.
PD: Postdate o postedición xD, debí desde un principio agradecer a Juan Pablo, un amigo, que fue con quién ideamos este post luego del supermercado. No hacerlo sería plagiar, y eso es como feo.. xD.
Un abrazo, Angie xD.

lunes, diciembre 19, 2005

Para la Khel

Había estrellas en el cielo. Algunas brillan con intensidad, otras, más humildes, simplemente estaban allí y se dejaban ver tímidamente por el rabillo del ojo, pero nunca directamente. Eso había en el cielo, detrás de las nubes, quienes amablemente se abrían por aquí y por allá formando una suerte de telón azaroso.
Más abajo, en cambio, había cosas un poco más tangibles, y quizá menos bonitas; aunque eso más dependa del ojo que las mire. Entre esas cosas estaba la desagradable figura cónica, repleta de pelillos verdes plásticos que imitaban (de muy mala forma) las hojas de un pino. A cada punta de las "ramas" colgaba una pelota bañada en brillantina y de color chillón, rodeada de pequeñas lucecitas titilantes y una especie de nieve, también plástica. En fin: Un arbolito de navidad. A sus pies descansaban aun intactos los paquetes de regalos, un pesebre acomodado con cuidado y una que otra chuchería más. Un cuadro perfecto.
Lo mirábamos con un dejo de incomprensión. Repetíamos cada año la misma misa perdiendo cada vez más el sentido de la misma. Al final siempre significa estar juntos, aunque esto sea lo que menos hagamos. Brindamos, comimos, destrozamos envolturas de celofán y nos desperdigamos por la casa. Terminadas ya las cansinas explosiones festivas (petardos, cañitas de esas que vuelan por acá, por allá, algunas baterías y por supuesto las estrellitas que tanto me gustan porque no hacen ruido) y todos tenemos por fin un plan. Mi hermana a bailar, mi hermano con la novia, mi madre y mi padre de paseo; aunque no muy largo, y yo...

Bueno, no todos tenemos un plan todavía. Aunque ya sé qué haré. Visitaré a la única persona que podría entender cómo me siento esta noche.

Como de costumbre te encontré mirando el cielo, mirando las estrellas, las mismas que yo miraba más temprano (o quizá sean otras.. es que yo sé bien poco de astronomía). Me senté a tu lado en el techo de tu casa, sin decir una palabra. Vos, sin dejar de mirarlas me sonreíste, o quizá se te ocurrió alguna cosa... nunca voy a saber con certeza. Te tomé la mano y me puse a jugar con tus dedos. Los dos nos reímos un poco, y comentamos algunas tonterías. Nos olvidamos de las estrellas y también de qué noche era aquella. Sin darnos cuentas nos alcanzó el amanecer, bañando primero el horizonte, luego las nubes, luego tu rostro (y seguramente el mío también) y por último todo.

A veces somos balsas... a veces somos navegantes. Pocas son las situaciones donde somos ambas. Pocas son las personas con las que puedo ser ambas.

Cuando volvía a casa, un poco desvelado (y quizá también medio tomado) me di cuenta que se me había olvidado (¿olvidado?) desearte felices fiestas... Supongo que era una frivolidad. No sé ni por qué me preocupaba de eso.

En estas cartas cuentos, que mezclan un poco de realidad, un poco de fantasía y un poco de incoherencia no sé si se pueda firmar como en cualquier otra. Pero yo hago la prueba.

Un abrazo, y un te quiero.

Salud =)

jueves, diciembre 08, 2005

Finisterra, supongo.

Bueno... hoy toca poesía, o texto en estrofitas medio ordenadas...
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Quiero irme a vagar por el mundo,
perderme en las arenas del tiempo,
encontrarme donde todo se ha olvidado.
Y sentirme solo. Solo, de verdad.

Alejarme del bullicio que juzga,
del mundo que intenta hacernos escarmentar.
Perderme para siempre, allá donde las sombras
Permanecen siempre igual. Inmutables.

Olvidarme de todos los ojos que he visto,
De todas las sonrisas con las que soñé.
Desgarrarme el pecho, arrancarme el corazón
Y por último, guardarlo en un pequeño ataúd.

Darle solemne entierro, mística serenata.
Y soñar sólo con mi destino, con fuegos que consumen,
con rocas inmensas que machacan, con voces que ya
no pueden más, ni gritar, ni hablar, ni pedir, ni llorar.

Dejar que el cabello, la barba, me crezcan.
Se enmarañen, se ensucien y se decoloren.
Que a nadie atraiga mi aspecto, sino, lo contrario.
Que enseñe con la sola vista, que hay peligro. ¡Aléjense!

Y más aun, que no haya vista alguna que me encuentre.
Que no nazca sabiduría capaz de comprenderme,
Que ninguna codicia me busque, ningún mal me siga,
ningún bien me ajusticie o me enmiende.

Así, lejos y perdido quiero yo estar.
Tan solo que ni piense en la soledad.
Tan perdido que no haya brújula capaz
de orientarme, de marearme, de guiarme o engañarme.

Sumido en un silencio tan profundo que
me aturda, me ensordezca, me quite el don nato.
Y sino es mucho pedir, también quisiera oscuridad;
Enceguecido, medio sordo medio mudo y solo.

Había una palabra para esto… Yo no la recordaré.

domingo, diciembre 04, 2005

Los Lentes de Mamá...

Yo no uso lentes. Jamás los necesité (aunque siempre quise tener un par para verme más inteligente), pero una vez, hurgueteando entre las cosas que había en la cómoda de mi madre me topé con los de ella. "Qué es esto" pregunté como quien disimula la travesura que está apunto de cometer. ¿Me los pongo, no me los pongo? Son de ella, y si los rompo me mata. Además, yo ya sabía en ese entonces que las gentes tienen un infinito pudor con respecto al aumento que tienen sus lentes. ¡Odian que otro ser humano (además del oftalmólogo) sepa cuál es la graduación de sus imperfecciones! Aunque bueno, no podemos culparlos ¿No somos todos así?

En medio de estas deliberaciones, mis manos aprovecharon la guardia baja para atacar. Tomaron los lentes y con una decisión que iba más allá de la que yo pudiera tener, llevaron el objeto en cuestión desde la mesa hasta mi cara, y luego los depositaron sobre mi nariz...

Sí. Hace falta que hagamos una pausa, un silencio, un alto inexorable.

Listo. El drama ya no puede aumentarse más, las dilaciones apartir de ahora sólo aburrirían al lector.

Continuemos.

-¡Oh, por dios!- exclamé en cuanto mi vista fue acomodada por aquellas lentes extrañas -¡¡¡Qué gordo estoy!!!

Con los anteojos de mi madre puestos mi vida acababa de cambiar. Yo, quien toda la vida me había considerado una persona de peso adecuado y conforme con mi estatura me sentí repentinamente repugnantemente gordo. ¡Gordo! volví a exclamar, pero esta vez autománticamente bajé la voz, la vergüenza se apoderó de mi persona. ¿Y si alguien me veía así? ¡De hecho! El mundo entero me veía a diario...

¡Terrible destino el mío! Por jugar como un gato curioso terminé perdiendo mi inocencia. No sólo era ahora que me veía gordo, sino que además mi pelo se me hacía insoportablemente herizado y despeinado y la gracitud de mi piel era merecedora de una llamada a la NASA en requerimiento de químicos desinfectantes de la nueva era.

Tenía que reparar todo eso ¡Rápidamente me puse en marcha! Tomé el bolso de cosméticos de mi madre y corrí al baño de casa, donde tenía un espejo, agua y tros productos utilísimos para estas situaciones. Justo antes de salir de su habitación, decidí quitarme los lentes, sino no podría arreglarme con precisión.

Fue entonces cuando, frente al espejo de mi baño, volví a encontrarme conmigo mismo. El mismo pibito delgado y "despeinado con estilo"... ¿dónde estaba esa horripilante criatura que momentos antes me hostigaba desde el otro lado del espejo? ¿Qué había cambiado...? Y entonces me di cuenta.

¡Los lentes de mi madre!
¡Qué atrocidad, qué martirio, qué sacrificio! ¿Es así como deben vivir las mujeres?¿Es este el peso que tienen soportar? Valientes son, entonces, como ningún hombre que esta tierra haya pisado. Gloriosos seres que soportan nuestros ingratos juicios...

Es por esta experiencia que decidí dedicarles esta entrada, mujeres. Porque ustedes son criaturas que nosotros los burdos hombres jamás podremos comprender. Aceptan de buen talante las impocisiones de una sociedad extremista, donde, como dice Maitena la pancita a los hombres les queda bien, pero a las mujeres fatal, una cana en un hombre es signo de madurez, cuando en una mujer no es ni más ni menos que señal de envejecimiento y tantas, tantas más injustas desigualdades.
¡Quien fuera mujer para soportar depilarse las piernas todas las semanas! Ni siquiera Aquiles.


Por eso, en la mayor de las humildades, me postro ante ustedes, y les ofresco mi mayor gratitud y admiración. Gratitud por soportarnos. Admiración por soportarnos.

¡Salve, mujer!




PD: Gracias a Ged por la ayuda durante la elaboración de la idea =).

jueves, diciembre 01, 2005

Contradicciones

Me llama la atención como la gente tiende a combatir las cosas con la mismísima escencia de estas. Quizá sea como una suerte de "vacunación" preventiva (como si la vacunación pudiera ser de otra manera...), quizá dando ejemplos yo pueda ser más claro en lo que intento decirles.

Hoy me encontraba con unos amigos, cuando uno de ellos decidió con descaro afirmar lo siguiente:
-¡Odio a todos los blogs!- exclamó. Yo, extrañado por el comentario ligeramente fuera de lugar (por no decir absolutamente desubicado), lo miré inquisitivo. Entonces, él prosiguió -Tenemos que crear un blog....-

Ahí fue cuando ya todo parecía cerrar y tener total coherencia. Los blogs son una enfermedad y atrae gente enferma (respaldo y me ofrezco como sujeto de demostración... heme aquí ^^), por ende ¡Deben ser destruidos! ¿Qué mejor manera que otro blog más?

Por supuesto, este amigo mío es un Blogger y por ende un enfermo. Así que su forma de razonar no debería sorprenderlos. Sin embargo ¿Es un incidente aislado?

¡Claro que no!

Cabe destacar como vastos e innumerables imperios se han cansado de la incesante guerra, y decido con ímpetu irreversible: Hacerle la guerra a la guerra para erradicarla de una buena vez.

Ante un acto de violencia innecesaria, la horrorizada gente decide acabarla usando... Claro, más violencia.

Cuando un grupo grande de gente se pone a gritar ¿Cuál es la reacción más normal? Acertaron: Gritar aun más fuerte ^^.

Y luego nos dicen "Al mal tiempo buena cara".... sí, sí, cómo no.

Y releyendo me doy cuenta de cómo mi texto apesta, lo cual me hace sentir que forzosamente tengo que poner un final impactante y sublime, pero claro... La vida es una contradiccón =D.


Saludos, criaturas de carne.

El Faro.