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jueves, enero 07, 2010

Hmm

Ahora bien, como iba diciendo, el mundo conoce sus límites, tiene un final y nada se extiende incansablemente. La realidad es esta y refutarla es imposible, porque el mundo es para siempre pero ninguna persona lo es, entonces perderíamos. Y aunque las personas fuéramos para siempre, entonces el mundo dejaría de serlo, por esta o aquella razón.

Hay más, inclusive se extiende: todo nos harta. Un día no queremos más, y es imposible. Lo descubrí anoche cuando me bajé un juego viejo que me gustaba mucho. Me aburrí a los cinco minutos.

Eso es todo.

domingo, octubre 18, 2009

Bestiario: las piedras.


Las piedras son mejores que los hombres, en su actitud son inamovibles, todo el tiempo y sin esfuerzo son ellas mismas, de aspecto ciertamente son más bellas y sin necesidad de acicalarse, además de eso, siempre se las consideró insensibles, pero yo creo que es mentira, porque por algo se van a vivir al lado de los ríos o los mares, o inclusive están esas desubicadas que viven en medio del desierto, completamente solas.

jueves, mayo 28, 2009

Disney nos mintió

Se nos enseñó a muy corta edad que las malas acciones eran castigadas y las buenas apremiadas, pero no estoy tan convencido de que sea cierto. Me pasé la mayor parte de mi vida riéndome de los minusválidos ajenos, de las creencias ortodoxas, de las buenas intenciones y hasta de las abuelas buenudas y cocineras. De todas estas cosas me burlé, pero no parece que a ningún astro celestial le haya importado nunca.

Hmpf.

domingo, noviembre 23, 2008

ARRRRRRGHHHH


___
[].




viernes, septiembre 19, 2008

Lluvia

Con estas noches de primavera,
que me inspiran el alma y aflojan la lengua,
no me aguanto y he de decir
que me gusta la lluvia me gusta
porque tiene olorcito rico...

viernes, julio 18, 2008

Rotolocoria II

-Claro, justamente, o sea; ella es una mujer machista.
-¡CLARO! Esto es demasiado, hemos comprendido prácticamente todo, o al menos, todo lo que en verdad tenía algún sentido comprender.
-No. Realmente comprendimos todo.

TOC TOC TOC. Andrés se paró a abrir la puerta. Del otro lado estaban Mefistófeles y Gabriel, uno en alpargatas y el otro con zapatos de goma. Los dos con sus respectivos abogados -al fondo de todo nos miraba tranquilamente Fausto.

Entonces nos dicen:
-Vamos, chicos, ya son demasiado grosos para este mundo.






Y como nos dijo una vez Virgilio: flectere si nequeo superos, Acheronta movebo. Qué se puede decir después de eso. Solamente:
Fin.

viernes, julio 11, 2008

A estos hombres solos

¿Qué es de los hombres que se aventuran a la vida de soledad? No me refiero a aquellos que de todas formas se cobijan bajo alguna fe endeble, o un principio de noble carácter; hablo de los otros, los que nadie admira y, que de hecho, son mirados con ojitos desdeñosos al saber de sus prácticas, costumbres y hacedurías. ¿Qué es de ellos?¿Son felices alguna vez?¿Son más felices?¿Lo serán menos, acaso? Nos preguntamos todo esto por mera curiosidad y, sin embargo, tal vez sea importante responder, para nosotros y para ustedes.

Porque ha llegado a mi sensibilidad, que son pocas las personas (y menos aun las mujeres) que entienden a éstos, los hombres solos. Se pasean por allí, por las calles, se miran entre ellos y se reconocen, pero sin exteriorizarlo; a veces intercambian palabras, pero se alejan los unos de los otros: la máxima soledad es en su propia compañía. Prefieren en cambio el engaño leve, el juego nimio social, donde pareciera que interactúan, pero de estudiarse en profundidad cualquiera de estas supuestas relaciones caerían como una vieja teoría obsoleta; así de fácil.

Fingen complicidad con las personas más simples, y juegan a que entienden a todos, sin entender a ninguno. Se dejan caer en los abismos ajenos, pero mantienen a todos en el porche de sus almas; porque para ellos todos son extraños, todos y hasta ellos mismos.

No soy el primero que se aventura a hablar de estos animales sociales; no, no, lejos de ello los ha habido muchos, más capaces, más críticos, más retóricos, más todo. Algunos de estos justificaron la elección de estos hombres solos bajo el emblema de “miedo a ser heridos”, dijeron cosas tales como “el que se quema con leche, ve a la vaca y llora”; y es cierto que yo me veo tentado a darles la razón. Sin embargo, luego de relacionarme largamente con esta subespecie de la humanidad, concluí que no hay fecha de partida a esta autoimpuesta soledad: la acarrean desde toda la vida, y generalmente lo hacen para toda la vida. Es un pánico para aquel que llegue a encariñarse de alma con ellos.

Otros llegaron más lejos: simplemente no les interesa. Así dijeron, y creí que tenían, sino toda, casi toda la torta de la razón. Es que es muy fácil confundirse: uno se zambulle a charlar con ellos, y prontamente descubre ese desinterés, esa incansable actitud de no impresionarse, una ausencia de curiosidad casi infinita por nosotros; es odioso, realmente. Es odioso sabernos prácticamente inexistentes para ellos. No es, sin embargo, algo que se note automáticamente, debemos esforzarnos por buscar los detalles, las muecas imperceptibles: estos casidegenerados son de bostezar con los ojos o desperezarse en las pestañas, porque han arrastrado todas sus emociones a lo más profundo de sus seres; y aquello que sus caras, sus pelos, sus manos, en fin, sus cuerpos reflejan, no es otra cosa que un acto estoico (creíble, pero acto al fin). Y aun cuando esto sea verdad, insisto en que no es esta la cuasa de su soledad, sino más bien que su soledad es la causa de su desinterés. He descubierto que estos hombres han dedicado largos años de su vida en intentar lograr lo que para todos los demás es natural e inconsciente: comprender al prójimo. Largos años han invertido, y sin embargo, ha sido fútil, pues escapa a sus intelectos y (en especial) a sus corazones la manera en que pensamos, sentimos o creemos las personas. Tal vez sea esta la razón de su soledad, pero no es algo que yo haya comprobado.

Es aun más profunda la fisura que existe entre “ellos” y “nosotros”. En su intento por acercarse a nosotros logran más que nunca la distancia –distancia que es ahora insalvable, inexorable-, porque es a ellos nuestra compañía una especie de vínculo redentor, buscan en el contacto social un cable a tierra que los devuelva a la realidad. Así es: estos hombres solos no son otra cosa más que fantasmas. Qué triste, triste vida la que estos hombres llevan.

Los hay de muchas clases, pues así como ninguna persona es igual a ninguna persona, padecen ellos del mismo mal, o gozan del mismo don, se mire según se mire. Los hay rendidos, perdidos a la vida real, escapados u olvidados; no desean ya integrarse, no desean -en realidad- ya nada, ni de nosotros ni de nadie y, posiblemente, ni de ellos mismos tampoco. Los hay, en cambio, otros que luchan (son éstos los que han sido el foco de mi breve análisis, pues de los otros ni una palabra logré arrancar, tan parecidos a una lápida andan); luchan, algunos, por ser comprendidos, otros, por comprender; creen los primeros que no han hecho nada malo, y desean compartir lo que sienten, convertir quizá a algún transeúnte distraído; los segundos, en cambio, desean arrancarse la soledad del alma, y se desesperan lanzando manotazos de ahogado, estirando los dedos para alcanzar algún leño imposible; es importante comprender que todos ellos: los rendidos y los que luchan, todos ellos por igual, se ahogan invariablemente. Pues no es este un mundo hecho para los de su clase.

Los he visto en todas partes, por lo tanto, no deseo que se confunda esto con el estudio de alguna clase marginal, son en verdad numerosos –incómodamente numerosos-; se encuentran en todas partes: atendiendo el supermercado con sonrisas espléndidas, lanzando guerras a mundos perdidos, leyendo algún libro de contenido inútil, predicando la palabra de algún dios largamente muerto, tirados en una plaza (olvidados) o en medio de alguna familia tipo. Es decir: en todas partes. Inclusive podríamos arriesgar que, estos hombres solos, son la misma humanidad, pero nadie aquí tiene tal coraje.

sábado, junio 07, 2008

Descripción Insufrible o Confesión en Menos de Tres Páginas.

Comentarios aparte: la vida es un coil mortal.
Afirmación que pocos van a estar listos -en su pobre estado de iluminación- para entender. Ciertamente que es ésto y no otra cosa (la vida). Ciertamente, porque no se puede negar.
Nos encontramos poco informados de las cosas que hemos de enfrentar; ni se nos dice tampoco cómo las hemos de afrontar; mucho menos nos enseñan qué hacer cuando -simplemente- metimos la pata.
Es últimamente más fácil que nunca rendirse: darle la espalda a los momentos decisivos en los cuales pisamos inocentemente la cáscara de banana que tiráramos antes (con no tanta inocencia). Es más fácil que nunca ser inciertos, divagarnos a nosotros y a los demás; cuán sencillo encuentro hoy día dilatar la verdad. Qué simpleza hay en negarme a mí mismo, con un gesto solamente. Ni siquiera hace falta caer en las formalidades de la retórica, ni siquiera.
A vos te digo, que me oís día a día, que no me hagás tanto caso; que en verdad tuve demasiado tiempo libre entre las manos, que en verdad descreo de todos y todo, o lo que es mucho peor: descreo simplemente de mí (mucho peor, mucho más fácil).
Si yo soy irreal: qué realidad puede haber más allá de mí.

Qué lindo juego el que nos inventamos. Jugar a que nada es juego. Pero de todas formas, tantos disfraces, tantas pinturas y polvos para enmascarar.

De alguna forma siempre recaigo en esto; de alguna forma -como si fuera un resorte mi alma- se estira y a algún punto se corta el hilo; y se retrae, violentamente.
Como en Romper Algo, porque en verdad que siento en la boca un gusto muy parecido, o a ese otro que hice una vez pensando en la mujer que fuera de mi vida... Pero pasó tanto tiempo de ese día a hoy, y sigo siendo tan el mismo. Tan igualmente pelotudo.

Y te andarás preguntando qué carajo tiene este post que ver conmigo. Es válida la pregunta... tampoco sé bien. Pero al final, si me senté a escribir y fue por algo que dijiste, entonces tiene todo que ver. Aunque en el fondo no importes. Ni vos ni yo.
Estaría bueno que supieras entender, no sé bien qué pasaría si eso pasara.

Un beso, che

lunes, marzo 17, 2008

Relatación Cronolípeda

Se mueven sus pies, arrastrando la realidad consigo, moviendo las veredas en todas direcciones, haciendo que las paredes avancen, mostrando nuevos escenarios para observar con extrañeza. La noche es densa por ahí, dejando lugar a que la oscuridad conspiradora se filtre por las grietas de las paredes, que como venas, recubren los edificios. Hay un algo esta noche, un halo que recubre los árboles de la plaza, las calles del boulevard, los bancos de la vereda; una sensación que lo inunda todo, naciendo del mundo y muriendo en él. Y sin embargo no recuerda haber bebido.

Se dice esto mismo con aire serio: no recuerdo haber bebido. La realidad tiembla. Y sigue hablando para sí: pero si no bebí, entonces, por qué todo se ondula de esta manera, por qué me siento tan extraño ante lo cotidiano. Y camina con pasos ciegos que no lo acercan ni alejan de nada; se deja perder un poco por la inestabilidad; se deja vencer otro poco por la angustia; se deja abrazar por la desolación; acepta todo esto de buena gana, con una sonrisa tarada en la cara.

Así lo invade la sensación: aquella fuerza que se apodera de sus sentidos, alejando todo lo que perciben, volviéndolo ilusión. Así puede enfrentar aquello que no comprende. A veces me doy cuenta, mirando una escalera, que más allá del recodo me espera la nada; comprendo que si intentara yo trepar sus escalones, uno a uno o de dos en dos, al llegar arriba la realidad se vendría abajo, encontrando la nada al doblar abruptamente. Y siento sin miedo a equivocarme, que estoy siendo testigo de algo terrible, algo que no debía ser presenciado por ninguno. Pero nunca trepa la escalera, mejor dejarla olvidada. Y no sólo con escaleras me pasa; a veces también al seguir ciertas líneas de pensamiento. Me doy cuenta, y tal vez exagere, de que concluir aquella idea haría que mi mente dejara de existir.

Pero el universo sigue ahí, mirándolo fijamente, aunque él trate de hacerle ojos ciegos. Siempre he preferido no mirarlo, es difícil porque es grande, y sin embargo se puede hacer; ignorar las grandes luces, tan llenas de nombres ingeniosos y logotipos hermosamente diseñados. Siente al final que las fuerzas no lo sostienen ya para mucho más, y se decide a volver sobre sus pasos; andar un poco hasta llegar a algún lugar seguro donde pueda meterse en alguna oscuridad conocida; y desde ella mirarse para adentro, seguir buscando eso que tanto lo esquiva.

Pero sucede entonces que durante la noche un rostro extraño, de enormes ojos y sonrisa perdida, con el rostro bien pegado al suyo, se le aparece para mirarlo fijamente. Quién sos y qué querés le pregunta, pero la cara no responde; es un fragmento nada más, no llega a ser alguien de verdad. Pero los ojos son muy nítidos, casi le parecen de verdad, que no están en su mente sino fundidos en la sombra densa. En la sombra densa…


La realidad es un sueño con el que se nos engañó; de reojo, mientras miraban al horizonte, nos dijeron que era importante, que era sólida e indiscutible. Luego crecimos, y tuvimos dudas, incertidumbres, colores incompletos que formaban un arco iris sin sentido. Pero entonces es cuando nos sumamos a los que mienten, y cerrando los ojos empezamos a cubrir los huecos con carteles, con imágenes, con metas vacías, con recuerdos bonitos, con sonidos simpáticos.

lunes, febrero 18, 2008

Sin Título IX

Eras hermosa, sentada en mi sillón, mirando en mi cara todos los secretos que querías ocultar de mí. Te veías hermosa mientras encontrabas en mis ojos toda tu tristeza, y la reflejabas sobre los tuyos. Es cierto que de haber podido yo la hubiera disipado agitando las manos, de un grito, con un golpe seco o, por qué no, con un beso tierno. Es cierto también que, de haber podido, le habría hecho frente, y la hubiese aceptado por aquel entonces.

Pero la vida no se da tan fácil, ni tan clara. Se sucede sin darnos mucho tiempo, sin permitírsenos un respiro y solamente podemos pensar sobre lo que ya pasó, analizar lo que ya no se puede cambiar, aprender para lo que vendrá. El hoy es un territorio indómito e incomprensible.

Pero eras hermosa, y eso me dejó el corazón marcado.

jueves, enero 17, 2008

Y por qué no Sin Título también?

Comprender finalmente una verdad superior. Comprenderla con la piel y no poder expresarla en palabras. Sentir en el corazón una paz que tampoco se diga con palabras, sino sentirla, y ya está. Tener la seguridad de que las cosas son. Amanecernos de un color y atardecernos de otro. Estar tranquilos con las sombras, los espejos y las ventanas; con las luces también. Y no pretender mucho más que una palabra amable o un gesto de corazón.

jueves, enero 03, 2008

Sin Título VII


Tururin, turulado
este cuento se ha acabado.

martes, noviembre 13, 2007

Acumulandos

Se acumula. Se acumula y se suma. Se suma y se apila. Se apila y se abarrota. Entonces, todo cambia y pasa de ser algo que era a dejar de ser para volverse un montón, una cosa toda igual por arriba y por abajo, que tiene los costados donde tiene el centro y las esquinas. Tan parecida a todo, una sola baba, un moco intragable o, peor todavía, inescupible.

Se acumula. Se acumula y se pierde y se olvida. Se olvida de la forma más difinitiva: volviéndolo general. Quitándole las lineas, diluyendo los colores, perdiéndolo en el firmamento hasta que el sol lo esconde y la noche igualadora nos devuelve una paleta inentendible.

... Qué presencia más abrumadora la de la bruma galopante, que viene a la carrera para arrancarnos de un saque la memoria, y perdernos en el olvido. Se nos mete por la nariz y ya estamos fritos, porque te envuelve, te envuelve...


Y lo que fue, lo que en un momento era siendo viviendo o sintiendo, pasa ahora a mero recuerdo, experiencia pasada. Porque es mentira, olvidarse no es dejar de recordar, qué pavada; olvidarse es dejar de sentir vivir o ser.

Qué pavada.

domingo, octubre 21, 2007

Arrancarte de un tirón

Info: lapicito 2b
___________
Cerrar el puño envolviéndote toda, completamente toda, no dejar que se escape ni un pelito, apretar los dedos con fuerza y si duele no importa si total. Tirar después sin dudar ni por un segundo.


Así es como me libro de vos cuando fantaseo que librarme de vos es cuestión de querer y nada más.





trashhhh

sábado, septiembre 29, 2007

Matilde

A la mañana encontraron la carta con todos los datos explicativos del hecho. Lo que allí decía lo entendieron pocos, y los más confundidos fueron los aludidos. Lo peor, ella estaba muerta y ya no podía explicarles nada.

A los padres les dejó dicho que sabía muy bien que les debía la vida, sin embargo, se le hacía imposible ahora devolvérselas.

A su hermano le informó que era él lo más cercano, en esta vida, que tuvo a un padre. Lo irónico fue que para él, ella había sido lo más cercano a una madre que pudo tener en esa vida.

Mencionó luego distintos amigos, muy pocas amigas (en realidad) y amantes. Destacó uno, diciéndole: “Hubiésemos sido muy feliz, lo sé muy bien; pero se me agotó la mecha antes de tiempo. Quizá, de haberte encontrado unos meses antes”. Al sujeto en cuestión se lo vio poco tiempo después, cerca de los arrecifes de San Andrés; se informa que arrojó dos objetos pequeños al mar, presuntamente resplandecientes, aunque difícil garantizar, dada la puesta de sol que nublaba la vista del testigo. Se lo ha tachado de cómplice, aunque luego de distintas indagaciones no se pudieron reunir las pistas suficientes.

Dicen los allegados que Matilde gustaba de los paseos largos y las plazas desocupadas. El florista de la cuadra nos hizo llegar que no pasaba semana sin que ella se hiciera con dos jazmines. Así mismo, el heladero de la calle Independencia, nos cuenta que “un par de veces me pidió un helado de vainilla, para después tirarlo al tacho sin darle ni una probada”.

“Era una persona extraña, pero jamás pensamos que fuera a hacer algo tan extraño”, dijeron sus instructores de pilates. A simple vista, nadie pudo entender a Matilde, ni antes, ni después.

Lo cierto es que ya no la tenemos y la vamos a extrañar.



___________________

Ando con ganas de escribir algo medio diferente, que no sea ni tanto esto que hago ahora (que no es nada realmente) pero tampoco que sea lo que hacía antes. Algo como.... no sé. Algo como "escribir de verdad".
Ya veo qué pasa.

Gracias por leer, un saludo =)

lunes, septiembre 03, 2007

Romper algo

Romper algo.
Lo que sea. Algo.
Tal vez de todas las cosas que hay, podemos romper una.
Rompamos algo que no sea nuestro, algo que alguien se haya olvidado, que haya tirado o perdido, algo que alguien piense que ya no necesita o a lo que no le presta últimamente la atención debida; rompamos eso, así damos una lección, así pasa algo y cambian los rumbos de los vientos. Rompamos algo que esté escondido (primero hay que buscar y después romper), algo que sea valioso para otro alguien, algo regalado o encontrado en el momento oportuno, algo que ate a una persona, que le impida empezar vuelo porque tiene eso que tanto le importa, eso tan escondido, tan bien guardado: rompámoslo, total, así liberamos a alguien. Rompamos algo que alguien haya hecho, que le haya costado infinito esfuerzo, en lo que gastara incontables horas, algo que fuera invaluable para ese alguien; lo rompamos en mil pedazos y se los tiremos por la cabeza: "tomá, salame, no valía nada", rompemos de paso un alma. Rompamos ahora algo que se nos regalara en algún momento: un recuerdo, un corazón, un propósito, un algo; algo que nos diera quizá la persona que más nos importa en la tierra, rompámoslo y esparsámoslo por el mundo, que no queden ni dos trocitos juntos. Rompamos también eso que hicimos nosotros, eso que creamos con amor, con esfuerzo y dedicación, eso que hicimos porque lo queríamos, porque si no nunca iba a ser nuestro: eso que nos regalamos a nosotros mismos; lo rompamos, para que así tengamos que volver a la búsqueda: redescubrirnos, para que todo vuelva a empezar, un poquito. Rompamos por último, aquello que más nos haya costado en la vida y se lo regalamos a la persona más importante; lo hagamos bolsa, pedazos, mierda: que no quede nada; es dos veces romper, porque primero lo regalamos, luego lo quitamos, luego lo hacemos pedazos.
Lo rompamos todo, un ejemplar de cada uno: un arca de Noé.
Lo rompamos todo, a lo mejor así al final nos curamos un poco de tanta rotura interior.
Y si no, es porque estábamos más cagados de lo que pensábamos.

lunes, marzo 05, 2007

BASTA

... let´s plop a little...

jueves, noviembre 23, 2006

Confesión en tres páginas escritas a mano

la verdad que prefiero mil veces escribir asi
______________
Encontrarme a nada de tu piel, a un metro, menos incluso; qué sé yo. Casi sentir el calor que emana, el olor que sin querer va dejando por todas partes, tan traidoramente. Aunque estés allá, tan lejos, tan imposible, sentirte a mi lado; de nuevo; tan imposiblemente a mi lado. Quedarme mirando el vacío del aire caliente que hay entre la puerta y yo, y sabernte ahí, parada, invisible, intangible, mirándome tan odiosamente imposible, tirando olor y calor para todas partes, inaccesible e inalcanzable.
Entonces dormirme para soñarte toda la noche, despacito; pero soñarte también ajena, también distante e imposible; ¿de qué otra forma? Sólo así serías vos. Pensarlo y saberlo totalmente estúpido. Sólo tengo que estirar la mano, y ya está. Pero es mentira.

Estamos sentados en una plaza. Miramos los pájaros inadjetivablemente y nos damos cuenta entonces que vos estás sentada a mi lado y que yo estoy sentado a tu lado, echándonos calor el uno al otro, olor el uno al otro. Estás viva, te digo, y vos me ignorás, sabés que es lo mejor y yo no me ofendo ni nada. No porque no me moleste, sino porque sé que es lo mejor.

Como te digo. Nos estamos echando calor y olor en una plaza sentados mientras yo te digo que estás viva y trato de explicarte de forma que te sea imposible entender que en el fondo lo único que en ese momento me importa es estirar la mano y tocarte, aunque sea la punta de mi dedo tocando la punta de tu dedo o tu nariz. Pero, sigo tratando de que te pierdas, pero es lo último que haría porque después de tocarte ya no quedaría nada, ya sería el fin y tendría que o tenerte o matarme. Porque dos veces no se le puede decir chao a esa cosa verde azulada que llaman… ¿cómo la llaman? No importa. Esta parte no la entenderías aunque me esforzara porque lo hicieras.

Miramos inadjetivablemente los pájaros que elípticamente surcan el cielo. Los miramos con ese aire de los que en realidad tienen los ojos de adorno, pegados a la cabeza de trapo, o tal vez cocidos con hilo blanco. Pero toda vista que sigue una trayectoria elíptica inversa a la de una vista sentada a su lado, invariablemente va a encontrarse con esta otra.
Míralos tan enjutos los tórtolos que parecen amordazados por mordazas invisibles.
-Hola- te digo. Pero vos me mirás con tus ojos de peluche tan buen cocidos a tus cuencas, tan llenos de vida y profundo pensar: tal cual el ternero mira al cuchillo del matador y, si tiene oportunidad, le pega un lengüetazo al filo, sin saber bien qué hace. Así me mirabas, pero tan ternero no fuiste, no le pegaste la lamida al cuchillo, o tal vez fue que no dejé éste al alcance de tu curiosa lengua rasposa de ternero.

… una flor se prendió de tu pelo, haciéndote cosquillas, de esas que te hacen llorar, de esas que odiás tanto; de esas que siempre te provoqué yo. Y me parece que te diste cuenta porque ahí nomás encaraste para otro lado, buscando tal vez…

Al final después de tanto silencio me sonreíste, y el ruido de tus cachetes largamente quietos despegándose de tus encías rompió el silencio. El olor a estar callada salió de tu boca, y eras una ternura, un dulce tentador para comerte, mirándonos… qué ojos más bien cocidos.

Entonces nos encontramos en ese mundo que llaman Miradas. Vos y yo. Nos encontramos en el plano de los ojos, y bailamos un blus mal compuesto, unjas, un rock o algo, lo bailamos porque ahí éramos sordos y no sabíamos que eso no se baila. Bueno, yo no sabía. Vos me seguiste la corriente. Pero yo bailaba mejor que vos.

No, dos veces no. Por eso lo último que haría sería tocarte, aunque todo se viniera abajo, aunque fuera de vida o muerte; no te tocaría. Porque aun cuando sólo lo escribo, esta determinación me retuerce el alma, me estrangula y tengo que gritar que es mentira… pero no puedo porque es verdad. Dos veces decirle chao a la cosa verde azulada… nadie puede.

lunes, noviembre 06, 2006

Auque no lo crean.

Ella es fea.
Mira al mundo de reojo, un poco avergonzada. Se dice: “¿en qué estás, mundo?”, y en los ojos se le dibuja una sonrisa; nunca en los labios, demasiado tímida. Camina un poquito, midiendo cada paso, cada gesto, se sienta en su banco y ahí espera que empiece la clase; hoy le toca algún filósofo que la aburre. La aburren todos esos hombres que hablan y hablan, ninguno sabe callar, piensa ella, ninguno sabe escuchar. Luego se queda un poquito en silencio, y repite: “de verdad, ninguno sabe”, y abre su cuaderno para anotar algo.

Ahora llueve despacito, a través del vidrio ve su reflejo. A ella le gusta pensar eso, que el reflejo está a través y no sobre; le gusta creer que se va lejos mientras mira el espejo y se encuentra con su cara. Se encuentran las dos, allá lejos, ella la mira y su cara también: “qué feas somos”, le dice, y nada le quita la sonrisa de los ojos. Pero está triste; sonriente y triste.

Yo supongo que es porque no sabe que la miran, y piensan: qué fea, pero cómo me gusta. Es un él cualquiera, que espera por la clase y mira. A veces mira otras cosas, pero por lo general es sobre ella donde le gusta volcar su atención. Encontrarse con esa nariz desentonante, divertirse con algunos de los gestos que no puede encontrar en otra parte y acabar diciéndose que igual no la va a conocer porque seguro que…

Cuando vuelve a su casa, a él le gusta pasarse por una panadería cualquiera, una que siempre se cruza. Ahí adentro lo espera una chica con unos ojos increíbles. Lo espera porque él pasa más o menos a la misma hora, casi sin querer. Más allá de sus ojos, él no notó otra cosa. Pero ella lo vio un día abrirle la puerta a una señora, y quedarse pegado a la puerta porque vino un tropel de niños, señoras, señores y otros bichos más raros todavía; pero él se quedó ahí, sosteniendo la puerta, un poco con cara de tonto, y eso fue suficiente: ya no se lo pudo sacar de la cabeza.

Compra los criollos y sigue su rumbo. Ella le mete un suspiro en la bolsita, pero él jamás lo nota.

Y sigue, no son los únicos.

… pobres… pensar que están tan listos y, sin embargo, miralos.

Yo creo que igual la pasan bien.

lunes, octubre 30, 2006

Tan así o Qué sé yo

Caminás distraído pensando en tus cosas, las que te tienen; ni mal ni bien, nada más te tienen, porque de ellas no pasás, ahí queda tu pensamiento.
Caminás hasta que pasás la esquina esa, a la que le decís de la muerte, riéndote con el flaco de lentes, y los dos se juran no pasar de nuevo por ahí, pero terminan pasando de todas formas; andá a saber por qué.
Pasás por ahí, distraído, con las cosas que te tienen. Y te das cuenta de golpe que estás mirando un bulto mal abrigado en el piso, un bulto que a veces se sacude y tose, con un estrépito raro, uno que te es totalmente ajeno. Al toque entendés que adentro de esas colchas viejas, mugrosas y con olor a todo junto, hay una persona. Lo sabés por ósmosis, no te acercás para asegurar, así está bien… saberlo de prepo.
Y mirándolo, pensándolo un segundo, empezás a notar más y más bultos; te das cuenta de que las cosas que te tienen, esta vez, realmente te tienen. Porque adentro tuyo no sentís nada. Ves ese jardín mal cuidado, con todas esas “malas hiervas” que crecen sin que nadie se fije, sin que nadie se preocupe demasiado; y entendés que ya no sentís nada, que de alguna forma, eso que ves, no te pertenece. Tus cosas son tus cosas, las de ellos, sino son de ellos, serán de otro.

… en el fondo está bien que Dios se olvidara del hombre, si también nosotros nos olvidamos de ellos y ellos de nosotros. Esos ellos que de alguna forma son otros nosotros…