viernes, julio 11, 2008

A estos hombres solos

¿Qué es de los hombres que se aventuran a la vida de soledad? No me refiero a aquellos que de todas formas se cobijan bajo alguna fe endeble, o un principio de noble carácter; hablo de los otros, los que nadie admira y, que de hecho, son mirados con ojitos desdeñosos al saber de sus prácticas, costumbres y hacedurías. ¿Qué es de ellos?¿Son felices alguna vez?¿Son más felices?¿Lo serán menos, acaso? Nos preguntamos todo esto por mera curiosidad y, sin embargo, tal vez sea importante responder, para nosotros y para ustedes.

Porque ha llegado a mi sensibilidad, que son pocas las personas (y menos aun las mujeres) que entienden a éstos, los hombres solos. Se pasean por allí, por las calles, se miran entre ellos y se reconocen, pero sin exteriorizarlo; a veces intercambian palabras, pero se alejan los unos de los otros: la máxima soledad es en su propia compañía. Prefieren en cambio el engaño leve, el juego nimio social, donde pareciera que interactúan, pero de estudiarse en profundidad cualquiera de estas supuestas relaciones caerían como una vieja teoría obsoleta; así de fácil.

Fingen complicidad con las personas más simples, y juegan a que entienden a todos, sin entender a ninguno. Se dejan caer en los abismos ajenos, pero mantienen a todos en el porche de sus almas; porque para ellos todos son extraños, todos y hasta ellos mismos.

No soy el primero que se aventura a hablar de estos animales sociales; no, no, lejos de ello los ha habido muchos, más capaces, más críticos, más retóricos, más todo. Algunos de estos justificaron la elección de estos hombres solos bajo el emblema de “miedo a ser heridos”, dijeron cosas tales como “el que se quema con leche, ve a la vaca y llora”; y es cierto que yo me veo tentado a darles la razón. Sin embargo, luego de relacionarme largamente con esta subespecie de la humanidad, concluí que no hay fecha de partida a esta autoimpuesta soledad: la acarrean desde toda la vida, y generalmente lo hacen para toda la vida. Es un pánico para aquel que llegue a encariñarse de alma con ellos.

Otros llegaron más lejos: simplemente no les interesa. Así dijeron, y creí que tenían, sino toda, casi toda la torta de la razón. Es que es muy fácil confundirse: uno se zambulle a charlar con ellos, y prontamente descubre ese desinterés, esa incansable actitud de no impresionarse, una ausencia de curiosidad casi infinita por nosotros; es odioso, realmente. Es odioso sabernos prácticamente inexistentes para ellos. No es, sin embargo, algo que se note automáticamente, debemos esforzarnos por buscar los detalles, las muecas imperceptibles: estos casidegenerados son de bostezar con los ojos o desperezarse en las pestañas, porque han arrastrado todas sus emociones a lo más profundo de sus seres; y aquello que sus caras, sus pelos, sus manos, en fin, sus cuerpos reflejan, no es otra cosa que un acto estoico (creíble, pero acto al fin). Y aun cuando esto sea verdad, insisto en que no es esta la cuasa de su soledad, sino más bien que su soledad es la causa de su desinterés. He descubierto que estos hombres han dedicado largos años de su vida en intentar lograr lo que para todos los demás es natural e inconsciente: comprender al prójimo. Largos años han invertido, y sin embargo, ha sido fútil, pues escapa a sus intelectos y (en especial) a sus corazones la manera en que pensamos, sentimos o creemos las personas. Tal vez sea esta la razón de su soledad, pero no es algo que yo haya comprobado.

Es aun más profunda la fisura que existe entre “ellos” y “nosotros”. En su intento por acercarse a nosotros logran más que nunca la distancia –distancia que es ahora insalvable, inexorable-, porque es a ellos nuestra compañía una especie de vínculo redentor, buscan en el contacto social un cable a tierra que los devuelva a la realidad. Así es: estos hombres solos no son otra cosa más que fantasmas. Qué triste, triste vida la que estos hombres llevan.

Los hay de muchas clases, pues así como ninguna persona es igual a ninguna persona, padecen ellos del mismo mal, o gozan del mismo don, se mire según se mire. Los hay rendidos, perdidos a la vida real, escapados u olvidados; no desean ya integrarse, no desean -en realidad- ya nada, ni de nosotros ni de nadie y, posiblemente, ni de ellos mismos tampoco. Los hay, en cambio, otros que luchan (son éstos los que han sido el foco de mi breve análisis, pues de los otros ni una palabra logré arrancar, tan parecidos a una lápida andan); luchan, algunos, por ser comprendidos, otros, por comprender; creen los primeros que no han hecho nada malo, y desean compartir lo que sienten, convertir quizá a algún transeúnte distraído; los segundos, en cambio, desean arrancarse la soledad del alma, y se desesperan lanzando manotazos de ahogado, estirando los dedos para alcanzar algún leño imposible; es importante comprender que todos ellos: los rendidos y los que luchan, todos ellos por igual, se ahogan invariablemente. Pues no es este un mundo hecho para los de su clase.

Los he visto en todas partes, por lo tanto, no deseo que se confunda esto con el estudio de alguna clase marginal, son en verdad numerosos –incómodamente numerosos-; se encuentran en todas partes: atendiendo el supermercado con sonrisas espléndidas, lanzando guerras a mundos perdidos, leyendo algún libro de contenido inútil, predicando la palabra de algún dios largamente muerto, tirados en una plaza (olvidados) o en medio de alguna familia tipo. Es decir: en todas partes. Inclusive podríamos arriesgar que, estos hombres solos, son la misma humanidad, pero nadie aquí tiene tal coraje.

5 comentarios:

Ma' ii dijo...

www.fotolog.com/_d_n_c_

Faro dijo...

ese de arriba soy yo, es mi fotolog

Anónimo dijo...

me gustó especialmente el final... aunque para mí demasiado largo. Le sobraban dos párrafos y quedaba perfecto como una bandera a los hombres monólogo (al fin al cabo, son eso, más que hombres solos).
No sé si lo pensaste, pero resulta todavía más desamparante las mujeres solas que los hombres...

Anónimo dijo...

andresss
shhh... deja d mentir!


capaz q no es cuestion d genero
"sonSOLOsolos"
no sé, digo yo...
"es muy largo.." jajaja

=)

(K)

Muñeca dijo...

bostezar con los ojos o desperezarse en las pestañas

lo vi innumerables veces... y hay más formas...
Me da tristesa, porque a veces las mujeres somos así también...
En fin, un besote!