sábado, septiembre 02, 2006

Mi viaje a australia

Me encontraba un buen día (jajaja) con unos amigos tomando algo en el patio de casa. Sí, es cierto que tal evento no es merecedor de mención, al menos, no por sí solo. Sin embargo sucedió lo siguiente: el sol, hasta entonces cubierto, penetró las nubes con fuerza brutal, como si aquello que hacía día a día, hoy tuviera una fuerza inusitada. A mis amigos y a mí nos pareció tal la potencia con la que nos azotaban que, de no quitarnos del medio, podrían prendernos fuego la piel. Huimos entonces, al resguardo bondadoso de mis techos de cemento, revocados y recubiertos. Allí a Manuel se le dio por mostrarse altivo y, alzando el puño hacia los cielos, espetó: “¡Ja! ¿Qué puede la naturaleza contra el ingenio del hombre?”, todos reímos y continuamos la tomada en mi cocina, que tiene convenientemente unos cómodos rincones donde apoyarse es lo más sencillo del mundo.

Fue entonces (y no antes, entiéndase) que noté un sonido sordo que golpeó a escasa distancia de mí, un sencillo “toc”. Ignorando al interesantísimo tema que me planteaba entonces Guillermo (algo entre los hermanos Rock del sur y los ogros Tug del Oeste) me dirigí al lugar del que provino el golpe: frente mío se hallaba un gorrión (chuschín, para los entendidos) deshidratado, agobiado, desesperanzado: era el retrato de la muerte en la esquina, inminente e irremediable. Podrán entender, aquellos de ustedes que sean más sensibles, la herida que me partió el corazón ahí mismo: el pobre chuschín al borde de la muerte, yo impotente ante la realidad, mi amigo hablando de los ogros Tug, el otro oyendo sin oír, pensando tal vez en alguna persona que fuera fantástica o fastidiosa (según sus ánimos), y el mundo entero, girando y girando indiferente; la verdad que la vida era en ese momento una herida absurda.

Fue entonces cuando, viendo el grifo de agua de mi cocina, la genialidad me iluminó. Como un relámpago, como un lince, di un salto preciso, tomé al gorrión y abriendo la canilla lo metí bajo el chorro, pero dominado por la emoción que me invadía no advertí la potencia del mismo, y pude observar como el agua invadía sus párpados, hinchándolos a fuerza y presión. Lo retiré casi con violencia, y ajusté el agua para que saliera como un hilillo lastimoso, arrimé al pájaro y éste estiró el pico, bebiendo con avidez (porque era un ave).

Bebió primero mucho, luego más, y por último bebió mucho más. El bicho, en mis manos, se volvía poco a poco una bolsa de agua, tragando como si llevara tres partes de su existencia sin probar gota. Mis amigos, intrigados ahora por mi actuar, se acercaron con cautela. Asomáronse por sobre mis hombros y pispearon lo que yo sostenía en mis manos.
-Va a reventar- dijo Guillermo, luego de un momento.
-No pueden tomar agua así- explicó Manuel.
Ambos sabían mucho de pájaros, así pues les hice caso, pero ya era tarde: el animal había bebido tanto que todo su cuerpo estaba henchido y deforme, y allí mismo como consecuencia de tanta mirada y examen de su cuerpecito, un chorro increíble de orina salió disparado de sus partes nobles (si es que poseen tal cosa). Sentí al principio alivio, supuse que con eso mi error se remendaría al liberar todo el líquido que había bebido. Sin embargo, escuchamos un chasquido que venía de adentro del animal, era su vejiga: había colapsado ante la presión, rompiéndose.

Con el corazón acongojado, deposité al animal dentro de la pileta. Se sentó, pues ahora su cuerpo se parecía al de un ser humano, con los miembros hinchados, con el cuello torpe y de movimientos lentos y lastimosos, incapaz de hacer esos giros espasmódicos, gritando ¡Sufro! con esos ojos que lo miraban todo con desesperación: primero a nosotros, luego al chorro enclenque de agua que aun salía del grifo.

Entonces, fue demasiado, escuchen: sacando fuerza de quién sabe dónde consiguió, tras un esfuerzo sobreavícola, arrastrarse hasta el chorro; pero nada había de glorioso en su sacrificio ya que era la fiebre de un adicto la que lo movía. Estirando como pudo el pico, empezó a sorber aquel líquido, que se me presentaba ahora horrible y monstruoso, capaz de arruinar a aquel pobre animal de esa forma, y sin embargo, no tuve la fuerza de ánimos suficiente como para cerrar la canilla: mi propia bondad había condenado al ave, y ahora la sacrificaba; y yo sin aprender.

Bebió, pero no fueron más que un par de sorbos, no aguantó mucho más, y allí mismo murió. Manuel dijo “estaba muerto aun antes de arrastrarse, el resto fue puro espasmo”. Lo miré, primero a él, luego a Guillermo, finalmente al chuschín; los miré, y tapándome el rostro, lloré.

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Ningún animal No-onírico fue dañado durante este relato (o sea, fue un sueño =P).
El título se agradece por colaboración desinteresada.

sábado, agosto 26, 2006

Charla

Hoy me contaron de este libro donde un cura misántropo tiene interesantísimas charlas con Jesucristo; admito que lo descubrí no sin cierta envidia: Yo siempre intenté hablar con ese hippie simpático, pero nunca me respondió.

Luego de hojear un par de páginas, descubrí que Jesucristo tiene acento español, imagínense mi desilusión: Siempre pensé que era un toque más argentino. De todas formas, sobreponiéndome a esto, seguí con la lectura., aunque, un par de páginas más adelante, me di cuenta de que lo que quería en realidad era hablar yo mismo con el flaco. Y como escritor que soy me dije: Sino podés conseguirlo, inventalo. Así que…
-¿Hablás de mí?- me interrumpió Cristo.
-Sí, sí, justamente- respondí –le contaba a mis lectores de este libro en el que te entrevistaste con Don Camilo.
-Ah… pero- dijo, haciendo una ligera pausa para recapitular –Ese no soy yo, sino ese doble que tenemos todos los famosos y que sale a hacer todas esas cosas que no nos animamos.
-¿Cómo…?- pregunté yo confundido.
-Sí, sí, lo que oís, ya dijo el Colombiano: Hay suelto en el mundo un Yo que se atreve a hacer las cosas que nosotros, por vergüenza o moral, no hacemos. Por ejemplo, su primer aparición (la del mío) fue en el Apocalipsis… Si lo pensás ¿Cómo voy a ir durante todo un evangelio hablando de paz y amor, para al final llenarme la boca de espadas, los ojos de fuego y proclamar la guerra y la destrucción?
-La verdad, no lo había pensado- mentí.
-No te hagás, si hasta tenés cara de inteligente.
-Bueno, no importa, volvamos a lo que me estabas diciendo: Entonces ¿El que habla con Don Camilo…?
-Exacto, campeón- replicó –Es un fake, fijate si yo voy a concederle entrevista personalizada a ese tal Don Camilo, con la cantidad de papeleo que tengo; encima acabo de volver de Saturno con mi viejo (estuvimos haciendo unos hoyitos, no sabés el campo de golf que tienen), y tengo una tonelada de laburo.
-Que te lo haga el doble…- le batí yo.
-Sí…. Ta’fácil, andá’ponelo a laburar a ese, tenés que ser mago.
-Pensé que vos podías hacer cualquier cosa.
-Ja…- respondió, y después de eso no pude sacarle una palabra más.

Me quedé entonces pensativo y cavilante; las palabras de Cristo me rondaban la cabeza como sabuesos acechantes de la razón, listos para saltar sobre una verdad fulminante y traérmela como trofeo de caza. ¿Cuántas veces habría hecho acto de aparición aquel osado doble? Mirándolo así, admití en ese momento, que la historia tenía mucho más sentido, y pensé en muchos otros que habían padecido la misma suerte. Cuánta polémica en torno a la Retórica de Platón, cuántas dudas sobre su autor. Y cuánto más normal es en estos días, que vemos a los eminentes representantes del pueblo hacer declaraciones totalmente opuestas, no un año, sino un día después; claro: Pobres, con tanta opinión suelta es imposible que lleguen a un acuerdo con sus dobles.
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“Mi otro yo” de García Márquez, aparecido en 1982 y recopilado en Notas de Prensa (1991). No pude encontrar el texto en Internet =P, pero tienen o pueden adquirir ese libro, recomendado.

El Don Camilo del que hablo es de
Giovanni Guareschi, y aunque yo lo leí en un libro específico, también son como notas de prensa. No me acuerdo ahora el nombre del libro, pero si les interesa lo subo más tarde.

viernes, agosto 18, 2006

Descripción V

Para dejar atrás bobadas innecesarias y demases, voy a publicar algo que no tiene demasiado de publicable. Se supone (según me dijo alguien) que yo debería continuar esto. Lo terminé de corregir ahora hace un ratito (sin demasiado éxito, porque la verdad que la espalda me está matando y eso..) y me pareció que no tenía nada más que acotar.
En realidad no tiene título, es de esos escritos que salen así nomás, porque estamos aburridos una tarde y nos acordamos que nos gusta escribir.
Salud
PD: a ver si en este post tengo 21 respuestas! jajajaja
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Del telar de la muchacha aflora como música visible un río de tela dorada, inundándolo todo a su paso. La muchacha tiene un nombre, pero nos abstendremos de revelarlo por prudencia.
En un lapso menor a tres horas la ciudad se haya empapada. Los niños aprovechan el desorden y la confusión para escabullirse y jugar en los charcos dorados. Los jóvenes vaticinan cambios sociales y se reúnen en los cafés a media vela para discutir la mejor forma de proceder. Los de mayor edad se envían telegramas y citaciones; el teléfono de los jueces no deja de sonar, los detectives piden sin tregua órdenes de cateo y arresto por igual pues ya han encontrado a los culpables. Los sacerdotes aprovechan para recordarnos que el día del juicio final está cerca y que vendría a bien arrepentirnos, y ya de paso hacer cuantiosas donaciones; uno que otro sectario ha abierto un foro en internet y nos invita con promesas de paz y vida eterna a un divertidísimo suicidio-party, donde se garantizan cerveza y orgías. Los políticos… de ellos no sabemos qué ha sido, pues ni uno hemos visto ni han respondido a sus teléfonos desde que se avistó el primer resplandor dorado. Los viejos han prendido ya el número adecuado de velas para los santos y rezado sus veinte rosarios; algunos inclusive ya llenaron el vaso de agua para curar toda clase de gualiches y males de ojo. Los escépticos comenzaron con sus publicaciones llenas de cinismo y observaciones astutísimas, culpando al capitalismo y a la ignorancia, reclamando inmediatamente la declaración jurada del imperio potencia del momento. Los artistas, o al menos yo y por mi parte, nos limitamos a describir y adornar como corresponde lo que nos rodea, pero sin aportar nada al “problema” en cuestión.

La muchacha se ha detenido y junto con ella el río dejó de fluir. Tan sólo pasó media hora y sin embargo ya toda la ciudad se ha secado; ella espera impasible con un “de nada” en la boca y esa sonrisa que llena los ojos de las gentes puras.

Por otro lado, pasada la crisis, la ciudad ha vuelto a la normalidad, tranquilizándose en su mayoría. Anuncios de nuestros ya echados de menos políticos nos informan que se trató de un ataque de alguna fé/ideología alternativa, pero que gracias al esfuerzo conjunto de los distintos órganos de gobierno fue sofocado. Todo regresó a la normalidad, salvo algunas decenas de iluminados que se encuentran ahora en una mejor vida, guiados por el hermano Lâm, quien, para esparcimiento espiritual, se mudó convenientemente al caribe.

sábado, julio 29, 2006

Tu vieja y los libros

Bueno, hoy me desperté, caminé por la calle, tuve recuerdos de hace demasiados años y pensé que iba a ser un día de mierda, de esos que se nos traban en la garganta cuando queremos tragar saliba.
Pero después leí un par de cosas, y quise hacer algo e hice, y miren nada más... Cuentito después de tanto tiempo.
Admito que el cuento empieza como historia específica y después se vuelve general; le hice una corrección superflua, quizá algún día lo termine de arreglar, pero ya saben como es =P.
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Te acordás esa tarde que, mientras charlábamos de lo caro que estaba el café, pero que gracias a Dios teníamos yerba, vos me comentaste de ese librito que por algún motivo había llegado a tus manos, porque ya sabíamos desde entonces que a tu vieja no le gustaba nada que leyeras de esos libritos. Fue gracioso cómo, aunque ella estuviera en su casa, y nosotros en la nuestra, caminaste con un subertefugio tal que a mí me entró risa, risa de esa que si la intentamos contener se nos escapa por los poros y (para rematar) nos pone colorados; entonces vos te ofendiste, tiraste el librito sobre las estanterías (aunque siempre sospeché que quisiste pegarme en la cabeza) y, cruzándote de brazos, hiciste puchero y refunfuñaste un par de puteadas bien guapas. Entonces yo, como hacíamos siempre, me puse todo preocupado, estiré la mano e hice ese puente que tantas veces nos salvó de caernos, y vos, que ya sabías lo que estaba pensando, te entraste a reír también, y la verdad que el café no era tan importante porque de todas formas teníamos yerba.

Esa misma tarde, un rato después, sonó el teléfono y era tu vieja, y vos te pegaste el susto de tu vida, porque justo estabas montada en la silla buscando el librito, y nerviosa me decías Cortale, cortale, rápido, y entonces del otro lado escuchaba a tu vieja que decía una de esas frases que nos congelaban a mí y a vos. Atendías el teléfono y nos olvidábamos del librito, porque sabíamos los dos, vos de toda la vida y yo por ósmosis también, que leerlo iba a ser imposible, que el teléfono o el timbre o el recuerdo siempre iba a sonar, y que de la primera palabra (con suerte, porque sino del título) no íbamos a pasar. Inclusive, te acordás, llamamos al vecino, el pibito ese que usaba los lentes sin cristales (quién sabe por qué) para que nos leyera, porque a lo mejor así se podía, pero entonces un zumbido imposible de ignorar nos volvía sordos, y a él le entraba la tos, leía una palabra ininteligible, tosía, se resfriaba, le daba gripe, una apoplejía, caía en estado catártico y todo junto ahí mismo en menos de tres segundos y teníamos que resignarnos Andá pibe, está todo bien.

Y más a la noche, pasó como nos pasaba siempre que encontrabas de esos libritos. Nos fuimos a la cama, haciendo como quien no quiere la cosa, sin hablar del tema en todo el día. Pero no pegamos un ojo en toda la noche, aunque tampoco dábamos vueltas en la cama, por miedo a que la inercia del movimiento nos llevara indefectiblemente hasta una silla y de ahí, ya con una inexorabilidad absoluta, nos arrastrara hasta las estanterías: Y estaríamos a media madrugada, en la oscuridad plena, buscando el librito y pensando a la vez que si sonara el teléfono nos moríamos del infarto ahí mismo. Por eso nos quedábamos quietecitos, calladitos, como ratones que saben lo que les conviene porque sino…

Y al otro día, vos con maquillaje, yo con café, disimulábamos lo mejor posible las ojeras. Y del tema aun no se hablaba, porque la menor mención hubiese deparado en juramentos de amor eterno y Dale, yo lo busco y vos descolgá el teléfono, después nos vamos, al Perú o Bolivia, allá no hay drama, leemos y mi vieja no se entera. Pero sabíamos que si descolgábamos el teléfono iba a ser peor, porque lo que sonaba entonces era el timbre, o se le partía la pata a la silla o quién sabe qué cosa.

Igual, vos y yo (tal vez vos inclusive más que yo), ambos sabíamos desde el primer instante, desde ese momento en que los ojos hacen reconocimiento, aun sin que el cerebro haya interpretado, desde ese lapso, teníamos plena conciencia de que nunca íbamos a poder deleitarnos con aquella lectura, nunca íbamos a descubrir lo que decía el profeta loco, o el poeta poseso; imposible, ya lo sabíamos, pero resignarnos hubiese sido una estupidez, porque así como a nosotros nos quitaba el sueño, era seguro que a tu vieja también, que ese libro era como un tenedor debajo de su colchón de reina, y que mientras nuestros corazones (el tuyo y el mío) albergaran el más mínimo sentimiento de curiosidad, ella no iba a poder pegar un ojo (ni nosotros, pero cómo la gozábamos a la vieja).

Por eso nos entraba la risa, desde que mencionabas el librito, desde que la idea de la travesura se nos aparecía, ya la risa era incontenible, imaginarnos a tu vieja mirando la tele, sentada en el sillón gordo, y (al principio) sin saber bien por qué no podía acomodarse, hasta que, como una luz que se enciende de la nada, se le iluminaba la mente (aunque yo siempre creí que era más bien un oscurecimiento); y entonces agarrando el teléfono, llamando a cada rato, especialmente cuando más le picaba la espalda en ese lugar donde rascarse es imposible, aun con ayuda, porque el amable ofrecido jamás comprendería nuestras indicaciones y rascaría cualquier otra parte menos la tan ansiada. Y más nos reíamos (digo nos, porque sé que siempre tuvimos alguna suerte de telepatía) cuando nos la imaginábamos bañándose, y vos me mirabas, cómplice, después arrastrabas la silla hasta el escaparate y ring, ring, ring. Era un chiste, la imagen de tu vieja saliendo mojada y envuelta en una toalla como un chorizo mal armado, discando a toda prisa, primero mal porque los dedos húmedos se le resbalan en el disco, después bien, porque equivocarse dos veces no era cosa de tu vieja. O el alivio nocturno que acompañaba al insomnio insoportable, cuando, animándonos ya a cualquier cosa, nos tomábamos la mano, y con movimientos levísimos, las hacíamos reír, yo a la tuya, vos a la mía, con cosquillas imaginarias (de esas que tanto me gustan), pensando en cómo tu vieja iba a estar dando vueltas y más vueltas, levantándose a cada rato para llamarnos, pero deteniéndose a un número de distancia, una última vuelta de disco, y corta: Porque son las tres de la mañana, y no son horarios para la gente decente; además, sabíamos que no se quería enterar que yo vivía con vos, y por eso el miedo de que la atendiera a esas horas era más grande que el miedo de que…

Ahora, a veces, mientras lavo los platos, me acuerdo del librito y vos me mirás con aire severo, y yo sé que tenés razón, aun cuando la risa se te escapa por las orejas y a mí por la nariz, sé que tenés razón y que no tengo que pensar en él, que a la gente hay que darles un descanso, aunque sea en la tumba. Además, te digo, no creo que al pueblo le guste verla andando por las calles para venir a tocarnos la puerta, no al menos en su estado actual. Por eso termino dejando la idea tranquila, te hago algún comentario sobre el Perú o Bolivia y vos, con sonrisa triste, me decís que tal vez mañana, porque hoy hay que llevarle las flores y eso, y que mejor no hacerle entrar sospechas, no sea cosa que nos arruine los planes. Yo pienso un momento en eso y cierro la canilla, ya todos los platos están limpios.

jueves, julio 27, 2006

Ser

Iba a escribir un cuento de esto que escribí hace unos días. O sea, nunca se hubiesen enterado de esto, porque es pensamiento, y si para algo sirven los cuentos es básicamente para ocultarlos.
Pero después de tanto "la 3? 0,25ctvs", o "25 ctvs la página, aunque por más de diez copias son 20", etc, creo que lo dejo para otro día (eso significa,... uff)

Bueno, igual, les dejo algo, porque ya me enteré de andan frecuentando otros blogs, y me voy a poner celoso eh! =P
Salud ^^

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Perderse un rato por las calles de una ciudad que no sea del todo desconocida, pero tampoco la palma de nuestras manos. Perdernos un rato, aunque sea, sólo un rato. Olvidarse educadamente de los asuntos que no nos incumben, acordarnos de estrellas un rato, no pensar demasiado; dejarse caer en el suelo (de ser posible, en la ruta) y con la mano extendida, observar la silueta recortada contra el firmamento, esa forma plástica que tan familiar nos es, excepto ahora, ligeramente estrellada, pero infinitamente ausente, lejana, ajena.

Así, tendidos, con la mano extendida, con las estrellas desplegadas, con la mente relajada, perdernos un rato; olvidarnos educadamente del mundo, no enviarle tarjetas en navidad ni en el cumpleaños, simplemente no recordarlo, no preocuparse, no pensar. Estar solo, solo como un caracol, ciego por torpeza. Tal vez así sea perderse un rato, tal vez así realmente estemos perdidos, durmiendo en el asfalto, indiferentes de la vida, y aun más, de la muerte.

Comprendernos un rato como silencio; como cuerpo tendido, como ser que no se proclama, simplemente se tiende y es. Perdernos un rato, olvidarnos (también acá educadamente) de que siempre hemos sido (y siempre seremos) personas; humanos; hombres; lobos. Olvidados de eso, figurarnos la realidad como una mancha de salsa recién hecha.
Despejar la mente. Perdernos. Olvidarnos.
Relajarse.

Uff

O sencillamente, y sólo para variar, olvidarnos (aun educadamente) de que estamos muertos, y fingirnos (sólo un rato) vivos. Escépticos como siempre dirán: “imposible” o falacias tales, pero vamos a ignorarlos (esto, ya si quieren, lo pueden hacer sin educación) y proceder. Primero dejar de sentir el infinito que nos separa, nos aleja. Dejar de creer que todo es divisible, dejar de pensar que alcanzar es una utopía, que la única oportunidad es acercarse, y gracias. Es el primer paso, aunque sea lo último descubierto, o más bien, por esto mismo: Hay que desandar pasos. Olvidado esto, desaprendido y descognocido, negado (prácticamente hablando), dejarse arrastrar hacia la persona más cercana, dejarse arrastrar como lo hacen los cangrejos cuando tratan de huir de la realidad, y el mar les da unas alas ilusorias (pero… cómo se divierten), dejarse sentir y empezar a sentirse también (…)

Fingirnos ahora personas, sonreír un tanto (nada de falsedades, que salga del corazón), perdonarnos viejas penas, tirarlas por la ventana (aunque atadas a un hilito, cuando todo el proceso termine las necesitaremos de vuelta) y ahora sí (por fin) encontrarnos de frente con la mirada de esa persona más cercana, y (plagiando un poco, aunque sabrán perdonarme, yo sé) uniendo frentes como idiotas, jugar un rato al cíclope: De ahí, que sea lo que Dios quiera. En otras palabras, quizá más mías, quizá menos otra cosa, resumiría: Olvidarse de la pavada…; ser.

jueves, junio 22, 2006

Sin Título I

Ponerse melancólico después de una noche de pesadillas es una mala elección. Es cierto, pensar en un par de ojos ahuyenta a cualquier monstruo que haya reptado entre sueños durante los viajes oníricos, pero también, es cierto, atrae a otros que por lo general, son bastante peores.

Un saludo feliz desde el mal dormir y los malos despertares.

lunes, junio 05, 2006

Guernica by Faro


Estaba boludeando en flash, tratando de hacer el "=O" emote, pero fue muy difícil. Entonces preocupado dije "nooo, perdí mi magiaaa" y entonces hice unas lineas y después otras más y al final salió esto.

Cele me dice: "Es el guernica" (al princpio entendí garnica, es que ni idea), y yo le digo "ah.." y entonces fuimos al google y después que me corrigiera la ortografía, encontramos el de picaso (picasso dice cele), y bueno, yo también hice uno (o sea, ya estaba hecho).

Salud =D

Los quiero.. snif..-

martes, mayo 30, 2006

Descripción IV

Un poco de tontería.
Disculpen la amargura =P
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El despertar diario es una tarea para valerosos o inconscientes. Pensar en lo que nos aguarda; esas cosas que deberemos hacer, aunque no queramos, esas cosas que no haremos, aunque querremos; esas cosas que nos pasarán y ni siquiera notaremos, y aquellas que las notaremos en el vientre, como una nausea profunda indisipable, imposible de evitar que nos suceda.

Reinventar las excusas que a diario nos decimos para seguir caminando, dando los pasos de todos los días, las tareas huecas, la rutina infinita que promete un mañana mejor, pero al fin y al cabo, siempre un mañana. Y algunos me dirán que tener un mañana es alegría suficiente; y no niego que a mí me gustaría pensar así.

Acercarse a la ventana, observar a todos aquellos que ya pasaron por este proceso, gente caminante, un albañil, un taxista, un oficinista, un estudiante: gente. Observarlos y sentir que entre ellos y uno hay mil abismos, mil distancias diferentes; vacíos impenetrables. Saberse ajeno a todos, y sin embargo... todos más ajenos que uno mismo.

Finalmente: Encontrarse con ese montículo de polvo, ese par de redondeles abultados, contorneados por una cordillera de pelo, ese pico con dos orificios, la comisura rosada de los labios, y el cansancio que lo envuelve todo, manteniéndolo junto, impidiendo que las cejas se escapen por un gesto, o los ojos crucen el umbral por el puente de algún sueño. Observarse y sentir el sinsentido que es la propia persona, el rostro nuestro. Ver todas esas cosas juntas (nariz, ojos, boca) y no entender por qué... Porque bien podrían estar en otro orden, en otro lugar, y aun seríamos nosotros mismos. Tal vez esto es lo que más desespera: Saber que aunque un cambio tan rotundo, como el tener la nariz en la frente, se diera en nosotros, aun seríamos quienes somos... Aun seríamos así; y no tiene sentido.

En invierno con un poco de agua helada alcanza, se disipan los pensamientos. Hundimos el rostro entre las manos, y el agua se filtra por todas partes. Se agradece, digo gracias, se separan las manos, respiramos profundamente, y estoy listo.

Cierro esto, abro aquello, me pongo esto otro, guardo algún libro, y ya. Abro la puerta, llamo el ascensor, saludo al guarda, me estremezco por el frío (esta parte me gusta), y mirando al cielo me doy el gusto de pensar en sus ojos una vez más, recordar qué sueño visitó esta vez exactamente, y ya. Estoy despierto, o al menos, tan despierto como puedo estar.

martes, mayo 09, 2006

Dudaba

Yo encontré a esta fea mujer acostada, semidormida, y la empecé a besar. Pero la besaba con violencia obscena, estudiando todos los recovecos de su boca con mi lengua, sintiendo como el asco se infiltraba por mi garganta, se apoderaba de mi estómago y luego, con velocidad de diástole/sístole, se esparcía por todas mis venas. Y sin embargo yo permanecía impávido, y continuaba con la tarea con precisión metódica.

Fue entonces, cuando de reojo, vi tu sombra que se asomaba por la esquina, y a pesar de estar seguro de que vos aun no me habías visto, de que no tenías idea siquiera de que yo estaba allí, ni mucho menos de lo que estaba haciendo, una vergüenza infinita, como un calor asfixiante, se apoderó de todo mi ser. Y escupiendo prácticamente a la mujer que antes besara, salí corriendo tras de vos, usando todas mis fuerzas para alcanzarte, pero con el resultado infértil de un sueño; mis piernas siempre unos metros más lentas que las tuyas, que huían de quién sabe qué bestia, aunque yo tuviera la sospecha, de que esa bestia, era yo.

Y en la carrera frenética por alcanzarte, imágenes que yo sabía eran terribles, pero que en el momento no podían importarme menos, se precipitaban a diestra y siniestra. Niños siendo mutilados por bandas de degenerados, mujeres muertas con mocosos desvalidos, desamparados muertos de hambre, y Dios sabe que no quiero recordar ahora mismo qué más, pues no podría, en este momento de conciencia, aguantar el espectáculo.

Y así llegué finalmente a un callejón muerto, sin salida alguna, y tu sombra que largamente perseguí, estaba ahora desvanecida, pensé que tal vez te habías filtrado entre los ladrillos de la pared, porque siempre habías sido un poco como eterea. Pero fue un pensamiento fugaz, tan fugaz, que ni a pensamiento llegó.
Desperté entonces, y con los músculos aun tensionados, sintiendo con mi lengua las yagas que en sueños me había hecho en las encías por friccionar los dientes, supe, sin dilación alguna, lo que tenía que hacer, y no dudé ya.

La Vecina

Un día descubrí con mucha sorpresa que mis vecinas del frente de calle eran lesbianas. Bueno, no lo descubrí yo, lo descubrió alguien y me lo comunicó: "¿Sabías que son lesbianas?" y yo sorprendido dije "no".

Me dije: Pero no importa eso, seguro son personas normales, como todas.

Resulta que igual yo no creía en lo que me habían dicho y dudaba, jamás las había visto hacer nada sospechoso que indicara esa naturaleza. Hasta que cierto día, las vi en pleno balcón intercambiando humedad a través de sus bocas. Comprobado entonces, dije: "Mirá vos".

En cierta otra ocación (porque han de saber que yo soy una persona que pasa gran parte de su día sentado en la ventana) que me encontraba así, sentado y tranquilo, viendo el mundo ir y venir, descubrí que la vecinita lesbiana engañaba a su pareja lesbiana con otra amiga lesbiana. Y dije: "Mirá vos".

Así siguieron los días y dio la casualida de que al cabo alguien me dice: "¡mirá, están mirando Venus!", y yo "nah", e ignoré todo. Teníamos prisa y no había tiempo de ver el mundo ir y venir. Pero así, resulta, que luego de un par de semanas, con ya todas las tareas realizadas y con la tranquilidad de que se tienen un par de horas para tirar por la ventana (literalmente), me encuentro con que en efecto, las vecinitas lesbianas miran el canal Venus (y con bastante asiduidad). Y yo me dije: "Mirá vos".

Así que luego de un largo análisis de la situación, y volviendo a mi planteamiento original, puedo decir con seguridad absoluta de mi afirmación, que: En efecto, estas vecinitas del frente, son como todo el mundo, gente normal si las hay.


PD para los de curiosidad morbosa: Las lesbianas, a pesar de la creencia popular, no suelen darse baños de crema en pleno living, ni reproducen el desenbarco de normandía semidesnudas con sus amiguitas de la "facu" (acto conocido comúnmente como orgía).



Concluyo.


=P